Guatemala de las Voces Silenciadas

(Que bueno que tenemos altoparlantes)

Tuve la oportunidad de presentar un proyecto el pasado 4 de mayo en el centro histórico, gracias a algunas personas que creen firmemente en el arte. Se titulaba “Arte, música, ciencia” y antes que dar un argumento pretencioso me gustaría explicar a grandes rasgos de que se trataba. Fue parte la segunda edición del festival “Semana de Música Avanzada” que, como mostraré a continuación, estuvo cargado de futurismo y nuevas tendencias.

En el 2011 fui testigo de un evento único, cuya intención era mostrar una perspectiva amplia de la cultura electrónica en Guatemala. Basado en documentales, conferencias y talleres, se dió a conocer parte de la situación cultural y artística de un género que se ha desarrollado enormemente desde el siglo pasado, y Guatemala a pesar de ser considerada un país tercermundista, también ha tenido un aporte importante a nivel internacional.

Este año sin duda alguna, pudimos darnos cuenta del crecimiento y evolución que ha tenido la música guatemalteca en una sociedad cargada de prejuicios (y autodiscriminación, vale la pena mencionar) hacia un espacio de sociedad juvenil (y no tan juvenil) con gustos afines a los sonidos electrónicos y “sintéticos”; espacios usualmente considerados como criminales y violentos, cargados de drogadicción y sexo ilícito. Claro que no podemos obviar el hecho que este tipo de situaciones se han manifestado en algunos de estos puntos de reunión y fiestas en años recientes, tomando también en cuenta los altos niveles de inseguridad que continúan creciendo en el país.

A pesar de todo esto, hemos observado un interés creciente de parte de productores y artistas emergentes en la creación y fusión de nuevos sonidos, performances y música de amplio espectro. Y de esto se trata precisamente la Música Avanzada, de varios procesos y experimentos que poco a poco forman nuevos géneros y formas de percibir diferentes ambientes auditivos.

En la segunda edición del festival se contó con la presencia del maestro y compositor Joaquín Orellana; quien durante décadas y con una carrera muy extensa fue un visionario y pionero de la música experimental en nuestro país.

Una persona incomprendida durante mucho tiempo; en su trabajo se puede apreciar una riqueza sensorial que no obedece a ningún estándar, y que a la vez pinta en cada fragmento relatos históricos y descripciones sociales que aún siguen vigentes, razón por la cual ha despertado interés en las nuevas generaciones de músicos y artistas contemporáneos.

                                     

(El maestro Joaquin Orellana en el acto de reconocimiento, abajo Paulo Alvarado en un performance dedicado al compositor)

 

También estuvieron presentes algunos dj’s y personalidades, quienes por medio de conversatorios y conferencias dieron a conocer experiencias personales y puntos de vista de la situación actual de la música a nivel global y local.

(Casta y Luis Maier en un conversatorio)

 

Acerca de la Pieza

Existen diversas opiniones acerca de la evolución humana y de cómo nuestra especie ha adquirido conocimiento a lo largo de los siglos. Para mí era importante tocar este tema principalmente porque el conocimiento es sinónimo de evolución; sabemos que existen varias maneras de llegar a éste pero últimamente parecemos no percatarnos de cómo estas se relacionan, y más importante, de cómo unificar estas experiencias para llegar hacia un avance que nos permita conocernos a totalidad.

Entiéndanse por experiencias al arte, la música y la ciencia que forman parte de un triángulo en el que la vida es el centro de todo estudio.

La escultura titulada bajo el mismo nombre “arte, música, ciencia” ejemplifica de una manera práctica la forma en que estos campos de experiencia humana están relacionados y la forma en que éste círculo se ve afectado con el menor cambio de uno de sus componentes, causando un efecto dominó y generando una estructura sobre la cual se basa la evolución.

(“Arte, música, ciencia” 2012 escultura en neón, dimensiones variables, de mi autoría.)

 

Usualmente se considera como vanguardista la música que incluye sonidos fabricados digitalmente y notas sintéticas que transportan a nuevos ambientes y estílos de vida, lo cual es válido, sin embargo durante el último año he observado la afinidad de algunos artistas de utilizar, no solo secuencias irregulares y beats por minuto muy variados, sino también sonidos orgánicos, voces, sonidos corporales y ambientes que incitan a la contemplación de paisajes naturales y a redescubrir nuestra situación como seres de esta tierra. Artistas como Alex Hentze, Casta, Wooky (España) se valen de ésta técnica para conducir a la audiencia hacia una conciencia más amplia de su entorno, sugiriendo volver a las raíces del entendimiento musical. Para avanzar también es necesario regresar al punto de partida.

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